viernes, 1 de julio de 2011

La Vida y la Tolerancia entre Palos y Piedras

                                 Entre Palos y Piedras

Entre palos y piedras, así trascurría la infancia en la vida de numerosas generaciones, que huérfanos de juguetes hallamos en dichos utensilios el modo de entretener y desarrollar la mente.
Desde los tiempos más remotos, los palos y piedras formaron parte activa en la vida cotidiana del hombre. De palos y piedras surgieron las primeras armas defensivas, los primeros utensilios y las primeras herramientas, con tan rudimentarios medios, el hombre desde la base, inició su andadura y desarrollo, aprendiendo a superar las dificultades que por el camino fue hallando, hasta llegar a dominar el medio en que se encontró inmerso.
De igual modo bien por tradición congénita o por la escasez de medios, los palos y piedras ejercían una especial atracción en aquella infancia y de manera especial del lado masculino, llegando a formar parte de sus señas de identidad, muchos fueron los juegos o métodos de entretenimiento que de sus manos surgieron en directa armonía con la vida cotidiana y los métodos y medios de su más cercano entorno, con ellos se adquirían destrezas y habilidades y se ejercitaba cierto dominio sobre algunos de los elementos.
Fuera de los juegos los palos y piedras eran herramientas multiusos, valían para casi todo, por las calles, huertos, viñas y olivares, resultaba de lo más común llevar en la mano un palo o una piedra, esto daba cierta seguridad ante los múltiples peligros que a menudo acechaban, si era piedra, lo normal era que terminara arrojada contra cualquier bicho que se moviera, o bien cualquier objeto fijo podía servir de espontánea diana, botellas y vasos de cristal, cazos, tazas, platos, palancanas, orinales, pucheros o cántaros de barro desahuciados del uso cotidiano, eran dianas perfectas, si estas eran de porcelana, (entendiendo por porcelana los metálicos esmaltados) aguantaban repetidos envites,  pero perdían el encanto de ser el primero en darle y romperlo, con una piedra, se competía por ver quién tenía más puntería, o la enviaba más alto y más lejos, (el lanzamiento de un palo o una piedra, como ahora vemos en las diferentes modalidades deportivas, requería un cierto adiestramiento y una dosis de ejercicio que a la postre podría resultar saludable, no así las consecuencias que en múltiples ocasiones acarreaba dicho lanzamiento,) a cortar o capar el agua de los charcos y lagunas, sobre la honda la piedra alcanzaba su máxima velocidad y distancia, dejando tras sí un intrigante zumbido variable según la forma y dimensión de la piedra, con el tirachinas (tirador para los campusos), se obtenía la máxima eficacia de cara al objetivo perseguido, el barro mezclado con piedras hacia más resistente la presa de las pesqueras, dándole mayor consistencia en el afanado intento de contener y dominar el liquido elemento.

Los palos por naturaleza, eran utensilio de apoyo y defensa, muy útiles ante los ataques de los numerosos perros que en aquella época no eran animales de compañía, sino fieles guardianes de los escasos bienes o pertenencias que cada cual poseía, su instinto les advertía del daño que palos y piedras les hacían, captaban en los gestos el peligro que corrían, agacharse a coger una piedra o intimidarles con el palo solía dar buenos resultados, del mismo modo intuíamos que transitando juntos el peligro disminuía de manera considerable si el grupo permanecía compacto, un palo hacia de lápiz y de cuaderno el suelo, de palo eran los zancos que sin mojarse los pies, permitían cruzar los infinitos charcos, el tirachinas, las flechas y el arco, la estaca y el mocho, el calvo, y el pincho también eran de palo, con un palo o vardasca se le atizaba a las caballerías para que salieran corriendo.
El fuego era otro elemento de enorme atracción, a la hora de crearlo surgía la colectividad y el ingenio, a imagen y semejanza de la bola de nieve se creaba una de ramas de olivo que  aumentaba de volumen a medida que nuevas ramas se le iban uniendo, cuando era lo suficientemente grande entre todos rodando se llevaba al alto para prenderle fuego, el humo atraía más muchachos que al ser lumbre de renta, (es decir, el que no trae leña no se calienta) ardía constantemente sin apagarse, consumida esta, acudían las mujeres con un cogedor llevándose el rescoldo para el brasero.

No todo era destructivo, poco a poco desde la nada, a base de experiencias vivas que quedaban marcadas en la piel, se adquirían conocimientos que ayudaban a desenvolverse en el mundo en que tocaba vivir.

Aunque eran aceptadas y toleradas con absoluta naturalidad sin que llegaran a perturbar las normas de convivencia, hoy aquellas actitudes y actividades no serian políticamente correctas, no por ello, aquel, fue mejor ni peor que cualquier otro tiempo, ni hay que llevarlo más lejos de lo meramente sentimental y anecdótico, en muy poco tiempo se han conquistado muchas cosas, tenemos todos muchos derechos y eso es bueno, pero no se ha guardado el equilibrio y por el camino se ha perdido una gran dosis de la tolerancia característica de aquel otro tiempo, cuando se es tolerante la vida resulta más fácil, la intolerancia conduce al estrés, a la crispación y al mal humor, ya nadie aguanta nada ni a nadie, se tiene mucho respeto a los animales y muy poco a las personas, (a menudo damos a los primeros lo que negamos a los segundos, cuando vemos a un animal perdido, caído o en malas condiciones solemos decir ¡pobrecito!, si es alguien de mal aspecto, nos damos la vuelta, pasamos de largo, o hacemos como que no lo vemos,) ya no se tiran piedras ni palos a los perros, ni estos persiguen la culera de los muchachos, ahora esperan pacientes a que le lancen un objeto para ir a buscarlo y traerlo, si un niño tira una piedra al tejado y rompe una teja, el padre termina en el juzgado, si lo hace contra un perro lo condenan por maltrato.

Hoy en día, los niños aprende muy rápido cosas que no valoran porque lo tienen todo al alcance de la mano, todo se les da hecho, poco a poco la creatividad palpable y los espacios abiertos se les ha quitado de las manos, apenas si palpan el mundo real, sus juegos tienden a ser virtuales, ajenos a la convivencia y el contacto, y tal como vienen se van, sin dejar ni rastro.

Todo es desechable o al menos susceptible de ser desechado, caminamos por un mundo de vértigo sin tiempo para mirar atrás y sin saber hacia donde vamos, vivimos aislados en medio de la multitud que camina a nuestro lado, creemos dominar los avances que en el entorno hemos creado, sin llegar a darnos cuenta que estos ampliamente nos han desbordado.

¿Que pasaría si hoy se hiciesen lumbres en el alto, si tirásemos  tiestos en las casas, o si nos engañasen yendo a moitos, o con el molde de los buñuelos? ¿Sería tolerado hoy esto?

Bueno sería, que sin volver a los palos y piedras, encontrásemos al menos una mínima vía, lejos de la intolerancia y la crispación y abierta a la comprensión y al diálogo como en aquellos no tan lejanos tiempos.

viernes, 17 de junio de 2011

Puertas y Dinteles de Villa del Campo


Recorrer atentamente los rincones, calles y plazas de nuestro pueblo equivale a redescubrir parte de su historia, a menudo a la vuelta de cualquier esquina, surgen pequeños grandes detalles, que silenciosamente nos hablan de su pasado, detalles muy presentes, que a fuerza de verlos pasan desapercibidos ante nuestros ojos.

Entre los citados detalles se encuentra la simbología esculpida en el granito de los dinteles de las puertas, cuantas veces de manera indiferente los hemos visto sin tan siquiera llegar a preguntarnos cual podía ser su origen o significado.

La búsqueda de protección o amparo ha sido constante en la propia evolución del hombre.

Colgar o colocar amuletos o símbolos en la entrada del lugar de morada, es una costumbre tan antigua como la vida misma, de algún modo las diferentes culturas lo han hecho, acorde con sus creencias ancestrales o religiosas, enumerar aquí las múltiples formas utilizadas resultaría largo e improcedente ya que la mayoría estaría muy distante de nuestras posiciones, razón por la cual nos acercaremos a la más cercana y que pudo dar origen a la que nos ocupa.

En el libro del Éxodo, capitulo 12, además de especificar como se ha de sacrificar y comer el Cordero Pascual, Jehová indica a Moisés, que con la sangre del cordero marquen las columnas y dinteles de las casas donde estuviesen, el vería la señal y pasaría sin causar daño a sus primogénitos.

De algún modo, esta tradición judía la retomó en el siglo XV San Bernardino de Siena con el Crismón o Monograma del Santísimo Nombre de Jesús, IHS también conocido como Jesús Hombre Salvador o Jesús Salvador de los Hombres, San Bernardino fue un gran predicador franciscano y el impulsor del Santísimo Nombre de Jesús, al final de sus sermones mostraba una tabla con el monograma IHS con la que bendecía a la multitud congregada y les pedía que la ubicasen en las puertas de sus ciudades y casas, (dicha tabla es venerada en Santa Maria Ara Coeli de Roma).

Esta práctica difundida por los franciscanos, con el tiempo se hizo costumbre, y se fue extendiendo por todo occidente, a dicha práctica se añadió el Ave Maria, que llegó a ser muy frecuente, más tarde el monograma de Jesús aparece con una cruz sobre la H que representa el emblema usado por los Jesuitas, extendida la tradición fueron surgiendo múltiples variantes, que se grababan o esculpían sobre los dinteles, si estos eran de piedra, (básicamente granito) variando la complejidad de las inscripciones según la ostentación o religiosidad del propietario, otras más simples, se limitaban a poner la fecha de fin de obra y una cruz con mayor o menor acierto artístico presidiendo el dintel.

Fachadas con portadas de columnas, dinteles, puertas claveadas y anagramas idénticos a los expuestos, había muchas en Villa del Campo, lástima que la piqueta demoledora haya reducido considerablemente esta popular expresión sobre el granito, material noble, sólido, bello, práctico y muy propio en las columnas y dinteles del tipo de viviendas de nuestro pueblo, la tradición de buscar protección divina no se detuvo en los dinteles de las puertas, se extendió también a ventanas y rejas, (aún quedan en nuestro suelo buena muestra de ellas, algunas nos recuerdan orgullosas y esbeltas su pasado Alcantarino) el dato de la fecha proporciona información de hacia donde crecía el pueblo o la procedencia de la trasformación que llegó hasta finales del siglo pasado.

No hay mejor fórmula de conservación o protección de estos inmuebles que la propia concienciación, las leyes de obligado cumplimiento no siempre se ajustan a las necesidades particulares de los propietarios, ser consciente del bien común que puede generar mantener este tipo de fachadas, ayuda a buscar soluciones tolerantes con el ámbito rural y tradicional sin renunciar a las comodidades o calidad de vida que puedan aportan las nuevas construcciones, dicha concienciación podría ir acompañada de rebajas fiscales o algún plan de ayuda estatal que compensara el posible trastorno al propietario.

Antes de que disminuya más el número de estas singulares fachadas y con el fin de aumentar la concienciación sobre ellas, dejaremos testimonio de su presencia, antes de que del todo desaparezcan.











































 




 Ampliando las fotos pueden apreciarse los detalles de los dinteles con mayor resolución, los más curiosos y representativos aparecen bajo estas líneas, no se ha hallado ninguno con el monagrama que dio origen a la costumbre, pero hay bastantes bajo el amparo de la cruz, entre los más curiosos pueden citarse dos dinteles, que además de la protección divina, buscaron también la del anterior régimen, añadiendo al dintel el conocido símbolo de la victoria, en ningún caso estos símbolos han causado molestias o descontento alguno, pasando totalmente desapercibidos, la gran mayoría ni nos habíamos percatado de ello, a pesar de que uno está en un lugar particular que fue publico muy concurrido por locales y forasteros, otros están puestos del revés o con identidad propia, en la genuina ubicación de los numeritos sobre las inscripciones, sin comentario.

Fotos cedidas por J.G.N. Camelia y Minera. Gracias a los autores, sin ellos no habría sido posible. Gracias.

martes, 24 de mayo de 2011

Origen del Apellido Arias Camisón

                                                       El origen de los Arias camisón
De algún modo, el apellido Arias Camisón, estuvo ligado al Campo durante más de 150 años, todo empezó allá por 1741, cuando Fernando Arias Camisón, compró a su Majestad, Felipe IV la Escribanía del Ayuntamiento y Millones de la Villa del Campo, por un valor de 6.600 reales de Vellón, dicha Escribanía fue sucesivamente arrendada a Escribanos hasta que a finales del siglo XVIII la ejerció Patricio Arias Camisón, Escribano de conocida trayectoria en el Campo, allá por el año 1796 – 1798, dicho Escribano colocó en la fachada de su casa, el famoso escudo de su apellido, en ella estuvo presidiéndola hasta 1953 – 1955, fecha en que fue arrancado de la fachada y trasladado a la Torre de Don Miguel, pasado el tiempo y por falta de información, se llegó a pensar que era un escudo local, confundiéndolo con el de armas de Villa del Campo, que preside la cara sur del Ayuntamiento y que tiene como armas parte de las del Emperador Carlos V, una cosa fue el comportamiento del Escribano en la Villa y otra muy distinta es su apellido y blasón que data de tiempos antiquísimos.

Cuenta Don Pascual Antonio de la Rua y Ruiz de Nevada, Cronista y Rey de Armas de su Majestad el Emperador Carlos V, que el escudo de los Arias Camisón proviene de la unión de los blasones de los dos apellidos.

Las armas del de Arias las describe en una quintilla de la manera siguiente.
Por Arias conocerás
aunque no quieras decillo
a cualquiera que verás
en su escudo, cruz, castillo
y águila todo en compás.

El de Camisón lo describe en recuerdo del ataque sorpresa que recibió Fernán Arias, defensor de la fortaleza de Tuy, cuya custodia le estaba confiada en el Reinado de Alfonso I.
El ataque al que se refiere el citado Rey de Armas, sucedió en el año 744, mientras Fernán Arias se hallaba con tan ligera ropa que le permitía el descanso en su cama, fue atacado por los musulmanes y sin más tiempo para armarse que el de coger su medio casco y la espada, le bastó para en tan singular prenda ahuyentar y derrotar a los moros.
Desde esa época dice el cronista, que sus descendientes unieron al apellido Arias el de Camisón, para no olvidar tan heroico triunfo, de él dice el cronista en sus Glosados Blasones.

Aquel Fernán de los Arias
noble godo e Infanzón,
que en el castillo de Tuy
hizo cota al camisón,
con casco, espada y rodela
y en Dios puesto el corazón,
a sus descendientes deja
para imitarle, blasón.




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jueves, 28 de abril de 2011

La Ermita de la Virgen de Gracia

La evolución de la mecánica ha reducido de manera considerable el tiempo en recorrer las distancias, esto hace que sintamos al alcance de la mano lo que antes percibíamos alejado.

Uno de los puntos del ámbito local en que más se nota dicha evolución es en la Ermita, la Ermita, es hoy un lugar ampliamente visitado, (me decía un buen amigo, yo no soy creyente, pero no sé cómo me las apaño que siempre que vengo al pueblo termino en la Ermita, no eres tú solo, si es que puede servirte de consuelo, le pasa a casi todos los campusos, que creyentes o no, terminan en el mismo sitio) y esto se nota y se aprecia en su conservación, el uso adecuado alarga la vida o duración de cualquier elemento, el decoro está a la orden del día tanto en la Ermita como en sus aledaños, todos sabemos que no siempre fue así, ir a la ermita sin ser Romería suponía un esfuerzo que no siempre se estaba dispuesto a hacer, el frío, el calor, la lluvia, el polvo, el barro y los muchos quehaceres cotidianos no hacían fácil el desplazamiento, lo
más práctico era enganchar el carro convirtiéndolo en transporte colectivo, que en muchas ocasiones era motivo de júbilo, algarabía y jolgorio, durante el camino solían aflorar cánticos que hacían más llevadero el pertinente traqueteo, que en los tramos de firme liso, la marcha solía convertir en un alegre trote con el consiguiente regocijo de los más pequeños que siempre se apuntaban al carro, pues suponía para ellos toda una aventura, pero no siempre tanto yunta carretero y carro estaba desocupados y dispuestos, la escasa afluencia, el indebido uso y el abandono terminaron por arruinar algunos de sus característicos rasgos de Ermita, que al menos databan de 200 años, Altar, Retablo, Tribuna, Púlpito y Portales desaparecieron de un plumazo, dando paso a una nave de carácter más moderno, muy convencional pero exenta de ornamentos tradicionales o clásicos, poco o nada tienen que ver esta con la reformada Ermita de hace 241 años, (sobre gustos no hay nada escrito, o hay gustos para todo, se suele decir, y la Ermita no iba a ser menos.)

El Altar, es un símbolo más antiguo que la propia cristiandad, sobre el Ara del Altar se depositan las ofrendas, bien física o espiritualmente y sobre él, se derraman las gracias concedidas. Hay Retablos que son puro Evangelio, el retablo con su representación icnográfica ayuda a entender mejor el misterio que representa. El Púlpito da solemnidad y confianza, la voz partiendo desde lo alto cala más profundo, atrae y llama más la atención perforando los sentidos. La tradición de la tribuna o coro resultaba imprescindible, el oficiante adelante, el coro y sacristán atrás y los fieles en el medio envueltos en sones que sin entender percibían, (Oirás misa entera todos los domingos y fiestas de guardar.) Los Portales daban cobijo a transeúntes y peregrinos sirviéndoles de refugio, y a buen seguro que por muy molestos que estos fueran no incomodaban a la Virgen, no en vano ella dio a luz a su hijo bajo un establo.

En 1770 se terminó la reforma estructural de la Ermita, así lo indica el testimonio dejado sobre la piedra de un pilar interior de la Ermita, concretamente el más próximo a la sacristía, que dicho sea de paso no durará mucho si se sigue frotando de manera descontrolada, por el mero hecho de mantenerlo reluciente, hoy por hoy la inscripción está prácticamente ilegible, el maestro cantero tampoco facilitó mucho la lectura, a todas luces se ve que no era muy diestro en este arte, con la ayuda de algunos datos de la época, fue más fácil descifrar lo escrito, con ellos en la mano lo hicieron los hermanos Miguel Ángel y Felipe Morcillo Alonso.


Mas tarde J. G. N fotografió el pilar de manera magistral, dejando al descubierto el texto, tal y como fue escrito, la inscripción puede leerse con meridiana claridad, tan solo tiene una pequeña duda que para nada afecta ni altera el contenido de la misma, dicha duda está entre las frases Prior y Señor, la primera lectura sería “Siendo Prior el Señor…” y la segunda podría tratarse de que Prior lo escribieron con dos erres, en este caso la siguiente letra sería una i latina y la lectura “Siendo Priorr i Señor..” como ya se ha dicho en ningún caso alteraría el contenido que se ajusta a la época del Priorato de Pedro Morales Campos.




Gracias a Minera que levanto la liebre, a los hermanos Morcillo Alonso y a J. G. N, sin ellos no hubiera sido posible este trabajo.






Fotos de Minera, Tato, y J. G. N.

Fotos de la Romeria 2 de Mayo del 2011 Enviadas por J. G. N